viernes, 8 de junio de 2012

El Cuento del Kraken


Existen miedos cuyos tentáculos son largos


[--Sabed oh príncipe, que hoy día ya no quedan dragones, ni arpías, ni criaturas de esa ralea, sin embargo los cuentos de los Otros viajan solo entre los oídos de los supersticiosos norteños. De todos modos guardaos de la furia del mar, muc
hos son los secretos que esconde y aun hoy día se recuerda con "respeto"-- pensó la vieja para si-- al kraken y los hijos del Dios Ahogado.--el niño se acurruco temeroso entre la sabanas.

--No temáis joven señor, la paz del rey nos protege de sus tentáculos, de él y de la furia de sus hijos, de Lord Thagros Greyjoy, el de los Cien Hierros y Capitán del Pesadilla, el barco mas grande que jamás podáis imaginar, capaz de hundir una ballena con una buena embestida. Ese hombre viejo y cruel aun perdura en nuestras memorias como un zorro astuto, un viejo lobo de mar de los tiempos de la guerra.


Se convirtió en señor por derecho propio tras sus hazañas y la fe ciega que sus hombres depositan en el, fue el único responsable de la caída Lannisport, debería haber muerto mientras su antiguo barco ardía pero su extraño dios le devolvió de entre las aguas para seguir atormentándonos.

Cuentan sus gentes que durante el ataque quedo atrapado por un mástil ardiendo mientra sujetaba el timón, en lugar de tratar de salvarse a si mismo se encomendó al Dios Ahogado dispuesto a pagar el precio del hierro por ello. Consiguió salvar a cien de sus hombres, pero estuvo a punto de perder una pierna y aun a día de hoy tiene una severa cojera, pero a pesar de estar tullido consiguió tomar Lannisport. Tras ello ahogó con sus propias manos a cien hombres de la guarnición Lannister, pagando así el precio del hierro que le debía a su macabra deidad del inframundo.]
Extrato de un cuento de “La Vieja Shireen”, una Septona de Desembarco del Rey que sirvió durante muchos años como nodriza y maestra de varios nobles niños, incluido el Principe Maekar.

Sobre el cuento del Kraken, Lord Cleos Greyjoy suele decir que se exagera demasiado y que no deberían dejar que los niños oyeran las imaginativas historias de esta mujer.



Escrito por Tawers. 
Corregido y adaptado por Lucho. 

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